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Movimiento NEPO

«Menos mal que voy, porque si no estaría mucho peor»: cómo saber si te está sirviendo

Por NEPO Studio

Es una frase que escuchamos constantemente, y casi siempre la dice gente contenta. Personas que llevan años yendo a su fisioterapeuta, a su entrenador o a su estudio de Pilates y que están convencidas de que ese rato semanal es lo único que las mantiene en pie. Merece la pena pararse un momento en esa frase, porque esconde una trampa difícil de ver cuando estás metido en ella.

Cuando dices «estaría mucho peor si no fuera», no estás comparando cómo estás hoy con cómo estabas hace un año. Estás comparando cómo estás con cómo te imaginas que estarías si no hubieras ido. Y esa versión de ti no existe. No hay manera de comprobarla, nadie la ha visto nunca, y por eso siempre sales ganando en la comparación. Es una medida que nunca da un resultado malo.

El problema de medirse así es que puedes pasar años sin cambiar nada importante y sentirte satisfecho igualmente. Nos encontramos a menudo con personas que llevan cinco o seis años acudiendo dos veces por semana, que siguen con la misma espalda de siempre y que no son capaces de sentarse en el suelo y levantarse sin apoyar las manos. Si les preguntas si les sirve, te dicen que sí, por supuesto, imagínate cómo estarían si lo dejaran. La pregunta que casi nadie hace es otra: ¿qué puedo hacer hoy que no podía hacer cuando empecé?

No hace falta que te duela nada para necesitar moverte

Esto no va solo de dolor. A un estudio de movimiento se llega por muchas razones y ninguna de ellas es estar estupendamente. Se llega porque te ves fuera de forma, porque has perdido fuerza y te has dado cuenta de golpe, porque te da miedo hacerte daño, porque hace años que no te reconoces en tu cuerpo, o simplemente porque no te fías de ti para moverte solo y prefieres que alguien te diga qué hacer.

Todo eso también duele, aunque no duela en un sitio concreto. Y todo eso llega con la misma petición debajo: explícame qué me pasa y encárgate tú.

Por qué las explicaciones sencillas sobre el dolor nos alivian tanto

La parte de «explícame qué me pasa» es muy legítima. Llevas tiempo con algo que no entiendes y necesitas ponerle nombre. El alivio de que por fin alguien te diga qué ocurre es enorme, y por eso las explicaciones más simples son las que más éxito tienen.

Tienes una vértebra desplazada. No activas el glúteo. Pisas mal. Tienes que aprender a hacer bien este movimiento o te vas a lesionar. Son frases que suenan lógicas, se entienden a la primera y tranquilizan mucho, porque convierten un problema confuso en una pieza concreta que alguien puede arreglar.

Pero hay una consecuencia de la que nadie te avisa. Si tu problema es esa pieza, y la única persona que sabe manejarla es la que te lo ha dicho, acabas de quedarte sin autonomía sobre tu propio cuerpo. Y probablemente esa persona no lo hizo con mala intención. Lo dijo convencida de que te estaba cuidando.

El precio se paga en cosas que dejas de hacer

Estas explicaciones dejan un poso que dura años. Una frase que alguien te dijo en una sesión que ya ni recuerdas se convierte en una norma que cumples el resto de tu vida. No cojas peso del suelo. No corras. No levantes a tus nietos. No hagas ese ejercicio, que para tu espalda es malo.

Lo llamativo es que esas normas no se revisan nunca. Nadie vuelve un año después a comprobar si siguen teniendo sentido. Y cada una de ellas te quita un trozo de vida: sitios donde ya no te agachas, cosas que ya no levantas, planes que ya no haces. Al cabo del tiempo te mueves muy poco, y esa falta de movimiento acaba pareciendo la prueba de que tenían razón al advertirte.

Conviene saber que se lleva décadas investigando si la postura o la forma exacta de ejecutar un ejercicio predicen quién va a tener dolor o quién se va a lesionar, y esa relación no aparece con la claridad con la que se enseña en muchas consultas y gimnasios. La revisión sistemática de referencia sobre flexión lumbar al levantar peso y dolor de espalda (JOSPT, 2020) no encontró pruebas de que doblar la espalda al coger peso se asocie con más dolor lumbar. Es bastante menos seguro que sea así, de lo que se suele decir por ahí.

Tres preguntas para saber si te está sirviendo

Si quieres saber si algo te está sirviendo, hay preguntas más útiles que la del principio:

¿Qué puedo hacer hoy que no podía hacer hace un año?

Lo que me han explicado sobre mi cuerpo, ¿puedo usarlo yo por mi cuenta, o solo funciona cuando esa persona está delante?

¿Qué he dejado de hacer por algo que me dijeron una vez y nunca he vuelto a intentar?

Son preguntas incómodas de hacerle a cualquier profesional, y también a nosotros.

Lo que intentamos hacer aquí

En Nepo trabajamos para que dejes de necesitarnos. Te proponemos cosas, te acompañamos mientras las exploras y te damos información en la que puedas confiar, pero las decisiones sobre tu cuerpo son tuyas y queremos que cada vez lo sean más.

Eso se concreta en cómo trabajamos: las clases de fuerza para que tu cuerpo aguante lo que te dé la gana hacer con él, el Pilates con máquinas para construir un lenguaje propio sobre cómo te mueves, y un equipo de fisioterapia que te explica lo que pasa sin dejarte una lista de prohibiciones.

Por eso, cuando alguien nos dice que se va porque lo que busca ahora está fuera de aquí, nos alegramos de verdad. Es exactamente el final que perseguíamos desde el primer día.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi fisioterapeuta o mi entrenador me está sirviendo?

Compara con tu propio pasado, no con una versión imaginaria de ti. Tres preguntas sirven casi siempre: qué puedes hacer hoy que no podías hacer hace un año, si lo que te han explicado sobre tu cuerpo puedes usarlo por tu cuenta o solo funciona con esa persona delante, y qué has dejado de hacer por un consejo que nunca has vuelto a revisar.

¿Es normal seguir yendo al fisioterapeuta durante años?

Depende de para qué. Hay condiciones que piden acompañamiento largo y hay quien elige tener a alguien al lado porque le apetece. Lo que conviene revisar es si en ese tiempo has ganado capacidad y criterio propio, o si cada visita solo te devuelve al mismo punto de partida. Si llevas años y la respuesta es la segunda, la pregunta merece hacerse en voz alta.

¿La mala postura causa dolor de espalda?

La investigación de las últimas décadas no sostiene esa relación con la claridad con la que se explica en muchas consultas. No se ha encontrado una postura concreta que prediga quién va a tener dolor. El dolor de espalda tiene que ver con muchas cosas a la vez: cuánto te mueves, cuánto duermes, cuánta carga soporta tu vida, cuánto miedo tienes a moverte.

¿Hay que levantar peso siempre con la espalda recta?

La revisión sistemática publicada en JOSPT en 2020 sobre flexión lumbar al levantar peso no encontró pruebas de que doblar la espalda se asocie con más dolor lumbar. Una espalda que solo sabe funcionar recta es una espalda con menos opciones. Lo que protege es tener capacidad para levantar de muchas maneras distintas, no cumplir una única norma.

¿Qué significa que un profesional te haga autónomo?

Que salgas entendiendo lo que te pasa en un lenguaje que puedas usar sin él, que las decisiones sobre tu cuerpo sean tuyas y que cada vez necesites preguntar menos. El indicador es sencillo: al cabo de un tiempo confías un poco más en ti, no un poco más en quien te atiende.

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